¿Volvieron los carteles y capos a CALI?

Las autoridades investigan si la reciente oleada de asesinatos en Cali y Medellín tiene que ver con el regreso al país de capos que ya cumplieron sus condenas en Estados Unidos.

Agosto resultó un mes aterrador para Medellín y Cali por el estallido de una sorprendente escalada de violencia. El punto más álgido llegó con el puente festivo cuando se registraron estadísticas que se creían superadas. En la capital del Valle 11 personas murieron. Y en Medellín la cifra ascendió a 15.
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Hasta hace algunos años esos números estaban ligados a vendettas sicariales conectadas con la guerra entre grandes capos del narcotráfico. Hoy algunas autoridades locales afirman que los crímenes se deben a ajustes de cuentas y guerras entre bandas dedicadas al microtráfico.

Esa explicación tiene algo de cierto, debido a los cambios que tuvo el negocio del narcotráfico en la última década. De grandes narcos que manejaban toda la cadena desde el cultivo, procesamiento, tráfico y exportación, esa actividad ilegal pasó a manos de pequeños jefes de bandas concentrados en monopolizar el expendio de alucinógenos en el mercado local. Con esa estrategia, de paso, se quitaron el fantasma de la extradición al cometer el delito solo en territorio nacional. Sin embargo, ha llamado la atención de las autoridades la sevicia que caracterizó esa reciente racha de crímenes. Algo que si bien saltó a los titulares en agosto, en realidad lleva varios meses, particularmente en el Valle.

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En lo corrido del año en esa región una docena de personas murieron asesinadas en modalidades típicas de las vendettas de la mafia. Lo decían sus despojos: cuerpos con señales de torturas atroces, desmembrados, envueltos en bolsas, escondidos en los baúles de los carros y hasta arrojados en las vías.

En el caso más reciente e impactante, el 10 de agosto apareció el cadáver de una adolescente de 16 años flotando en las aguas del río La Vieja, en Cartago, al norte del Valle. Al cuerpo de la víctima le faltaban la cabeza y las manos, que las autoridades encontraron horas después en el mismo río.

Unos días antes, el 31 de julio, aparecieron tres cadáveres envueltos en bolsas plásticas sobre la vía que une a Palmira con Cali. Las autoridades reportaron tremendos golpes en el rostro y heridas con arma blanca, por lo que presumen que fueron torturados. Tres días antes, el CTI de la Fiscalía hizo el levantamiento de otros dos cadáveres desmembrados en la carretera que conduce de Buga a Buenaventura.

De los 42 municipios del Valle en 23 se han presentado tasas de homicidios muy superiores al promedio departamental. La mayoría de esos pueblos están ubicados en el norte, una región históricamente ligada al narcotráfico y tristemente célebre por haber sido la sede del temido cartel que llevaba el nombre de esa zona.

Todos esos hechos están causando una gran preocupación en el Valle y parte del occidente del país. No solo por la violencia en sí, sino porque serían secuelas de una arremetida de viejos narcos que ya cumplieron sus condenas en Estados Unidos. A su regreso a Colombia pretenden recuperar a sangre y fuego el control del negocio del tráfico de drogas, así como el poder y los bienes que perdieron cuando estuvieron en prisión y quedaron en manos de bandas de microtráfico y de ‘oficinas’ sicariales.


Fuente: Semana.com

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